¿Sobre mí?

Simplemente, soy yo. Una chica normal, corriente y moliente, tan ordinaria que hasta paso desapercibida. Podría estar ahora mismo sentada detrás de ti y ni siquiera haberte percatado...
¿has mirado?
Ya, también soy irresistible. No puedes estar sin mí pero tampoco quieres estar conmigo. Tampoco yo. Soy un alma libre, así somos los de Aquarius.
Los del signo del zodiaco, no los de la bebida esa tan insulsa que sienta tan bien a cuarenta grados a la sombra.
Ahora mismo me gustaría estar allí contigo, contarte lo que pienso, sentados en una terraza o en las cálidas arenas del caribe. Reírnos un rato de nosotros mismos y buscarle sentido a lo que nunca lo tendrá por más que le demos vueltas.
Pero aquí me tienes. Sentada delante de una caja tonta.
Pero me alegra que pases por aquí.

¡Un consejo!

Sonríe. Vive. Llora. Canta. Baila.

...

¡Be Happy ! ;D

jueves, 15 de septiembre de 2011


  "Miraba su reflejo en el espejo de su baño, blanco puro, luminoso y, a esas horas de la mañana, silencioso. Sólo percibía su respiración lenta y serena, cansada, y la de su novio, que dormía plácidamente en la cama que tenía a sus espaldas. Formaba un rebullo de sábanas blancas que subían y bajaban armónicamente, dejando al descubierto gran parte del cuerpo desnudo del muchacho. Su silueta se marcaba perfectamente gracias a los débiles rayos de sol que entraban por la ventana, y ella no pudo evitar un suspiro cuando se percató de la escena.
    
   Volvió a fijarse en su atuendo. Posó de costado, de frente, con los brazos en jarras, mirándose la parte de atrás… y sonrió satisfecha. Tras muchas semanas (quizás meses, ya ni se acordaba) de duro entrenamiento y dietas estrictas, consiguió quitarse esos kilos que tanto le molestaban, aunque su chico le dijera todos los días la típica frase que la mayoría de las mujeres quieren oír: “Eres y estás perfecta tal y como eres”. Acto seguido le plantaba un beso en la frente, cogía su plato y le servía dos cucharadas más de comida que ella, a diferencia de lo que él creía, no probaba bocado.
-               
                     A veces te pareces a mi madre – le espetaba divertida

“Ahora sí que podrás decir que estoy perfecta” pensó Teresa. Se había levantado pronto aquella mañana. Estaba eufórica. Ya se había puesto el bikini nuevo que se había comprado a última hora tras darse cuenta de que todos los demás estaban anticuados, no iban a la moda. El color rosa chicle contrastaba con su blanquecina piel, creando un juego de colores prácticamente perfecto. Como ella. Ella siempre lo estaba. Y tenía, por puro gusto y satisfacción propia,  que estar perfecta.  Siempre había ido con esa canción, desde que era una niña que apenas sabía andar.

 Canturreaba canciones de Madonna mientras se ponía el pareo que la noche anterior había elegido entre los cuatro que había metido en una de las maletas, que ya estaban esperando en la puerta de salida del loft. Había tres maletas y todas, absolutamente todas eran de Teresa. Su novio había decidido hacerla antes de marcharse y así se aseguraba (según él) de que no le faltaba nada.
   
  Pero a ella le daba igual. Es más, se alegraba de tener que hacer una maleta menos. Eran sus primeras vacaciones juntos y quería aprovecharlas al máximo. En muchas ocasiones fantaseaba sobre lo que podía o no pasar en la playa de Ses Illetes. Una vez se imaginó una escena que, de no haber sido porque se despertó minutos más tarde, creyó que era real. No sólo por la nitidez de sonido y color, sino porque añoraba tanto que se hiciera realidad… soñó que estaban ellos dos solos, tumbados en la cama, con el balcón abierto de par en par, contemplando cómo el Sol se ocultaba lentamente por el horizonte mientras jugaba con sus rayos, largos lazos de luz que creaban un mágico abanico de colores en las cristalinas aguas del norte de España, un color entre el verde claro y el turquesa más brillante, justo antes de desaparecer.  En otra ocasión se despertó después de una romántica noche caminando por las impolutas y vírgenes arenas de la playa,  que fueron testigos de cómo las olas rompían una y otra vez en los cuerpos sudorosos y desnudos de Teresa y su novio"


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