Hoy me he levantado con ganas de sonreirle al mundo. Me daban igual las adversidades, los líos de cabeza o el simple hecho de que gracias a las fiestas del pueblo y mis benditos tacones no hubiera pegado ojo en una semana. A las seis de la mañana he arrancado la bicicleta y he decidido dejarme llevar por la brisa de la noche. Sí, esa extraña noche que se crea en un amanecer, igual que al atardecer, pero sin duda más bello y reconfortante. Desde lo alto del mirador he visto el curioso degradado de tonos rosas y azules que se creaba en el horizonte, mientras la Luna y el Sol competían por hacerse un hueco en el amplio cielo de débiles estrellas.
Todavía guardo muchos recuerdos. Mi bici está pinchada y yo he sido devorada por los mosquitos.
Soy irresistible, lo sé, sobretodo cuando me dejo envolver por la fría brisa de una mañana de agosto.

Awesome... :)
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